Wednesday, September 27, 2017
El Gigante de los Juguetes
El Gigante de los Juguetes
C�mo ya os anticip�, quer�a escribir las historias "De mi boca" en forma de cuentos que he ido construyendo a lo largo de los �ltimos a�os seg�n se los he ido contando a mi Hacker y mi Survivor. Son cuentos para ellas, donde no hay nada m�s especial que verles las caras mientras se los cuento. Por supuesto, aprovecho siempre para meterle alg�n mensaje de ense�anza o moralina, l�gicamente. la historia es m�s corta o m�s larga seg�n se la cuento un d�a u otro. Y lo que os he dejado es un compendio de todas las cosas que he ido a�adiendo a la historia a base de cont�rsela muchas veces. Si os gustan los cuentos leed la historia, si no, ma�ana habr� otro post. A ellas les encanta esta historia.
Saludos Malignos!
Parte I: La llegada del Drag�n Mat�as al Castillo del Rey Pap�
�rase una vez que se era, un d�a soleado en el Castillo del Rey Pap� cuando lleg� el Drag�n Mat�as volando. Ya eran viejos amigos, as� que el Drag�n Mat�as sab�a perfectamente c�mo aterrizar con sus grandes patas en la parte alta del Castillo del Rey Pap� - donde adem�s hab�a una piscina en la que pod�a refrescarse �. No era un castillo muy grande, pero definitivamente era un castillo, donde los pr�ncipes y las princesas pod�an jugar durante horas con todo tipo de juguetes.
El Drag�n Mat�as le pidi� ayuda al Rey Pap�. Un drag�n, amigo del Drag�n Mat�as � no el maloso Drag�n Juancho -, se hab�a clavado una astilla muy fina en el �culete� y estaba sufriendo.
El Rey Pap� le quit� la espina, y desde entonces se hicieron grandes amigos. Y de vez en cuando, como en la historia de hoy, alg�n que otro drag�n distra�do se sienta sobre alguna zarza a comerse las dulces moras y se queda con una espinita en el culete. Y el Rey Pap� se la tiene que quitar. Era el quita-espinas-del-culete-de-dragones-oficial. M�s o menos. A cambio, el Drag�n Mat�as siempre le ayudaba y le defend�a del maloso Drag�n Juancho, que al final para eso est�n los amigos, para ayudarse.
Ese d�a, el Rey Pap� se ten�a que ir con el Drag�n Mat�as, as� que le pidi� a su madre, la Abuela Roncona, que se ocupara de cuidar de Chiquitina, Rapid�n, Cassandra y la beb� Asmara, los ni�os que estaban actualmente en el Castillo del Rey Pap�, pues no hab�a nadie m�s para ocuparse. Solo ser�an unas horas, mientras el Rey Pap� se iba a aliviar al pobre dragoncito de su dolor en el culete.
La mayor de todos los ni�os era Cassandra � que los d�as que estaba de mal humor todos la llamaban Pedorrina por una afici�n poco asociada a princesas -, despu�s estaba Rapid�n, que de mayor quer�a ser un caballero andante que corriendo m�s r�pido que nadie salvara a todos los buenos de todos los malos. Iba a ser un s�per-h�roe veloz, veloz.
Chiquitina ya no era la chiquitina de todos, pero la llamaban as� porque cuando naci� era tan peque�a, tan peque�a, tan peque�a que se ba�aba en un vaso de agua. Tanto, que el Rey Pap� casi se la bebe un d�a � pero esa es otra historia que otro d�a os contar� -.
Despu�s estaba Saritina, que a pesar de ser un beb� ya gustaba de viajar sola por el mundo y hab�a aprendido hasta a Chino �Por qu�? Pues porque por las noches no dorm�a y viv�a el doble de deprisa. Claro est�, tanto viajaba que, ese d�a, se encontraba de viaje y no estaba en el Castillo del Rey Pap�.
Por �ltimo, la m�s peque�ita de todos era la beb� Asmara, que a�n no se hab�a recuperado del susto de venir al mundo y no hab�a aprendido a hacer ruidos. No sab�a llorar, no sab�a re�r. Y adem�s, no hac�a falta, ya que con la cantidad de ruido que generaban Rapid�n, Cassandra y Chiquitina ya daba para todo el reino.
La Abuela Roncona les pidi� a los ni�os que se fueran a jugar a la Habitaci�n de la Diversi�n mientras el Rey Pap� estuviera fuera con el Drag�n Mat�as, y as� ella aprovechar�a para echarse una buena siesta� y roncar un ratito mientras regresaban.
El Drag�n Mat�as apareci� por la ventana de la Habitaci�n de la Diversi�n para despedirse de los ni�os, y para que se entretuvieran les dio un juguete nuevo. Los ni�os ten�an infinidad de juguetes en la Habitaci�n de la Diversi�n, pero el bueno de Mati-itas siempre les tra�a alg�n detallito. En esta ocasi�n les dio un tamborcito de dos membranas, con unas bolitas golpeadoras, de tal forma que al frotarlo con las manos las bolas hac�an sonar el tambor por los dos lados. Y sali� volando con el Rey Pap� a lomos, que se despidi� por la ventana.
Parte II: La llegada del Gigante de los Juguetes
El tamborcito se convirti� en el coraz�n de una gran discusi�n entre Rapid�n, Cassandra y Chiquitina. Gritos, llantos, pellizcos en el culete, carreras, brincos y desorden del resto de los juguetes de la Habitaci�n de la Diversi�n. Ya no serv�a para nada la ingente cantidad de juguetes que ten�an en la habitaci�n, todo giraba en torno a qui�n pod�a jugar con el nuevo juguete que les hab�a regalado el Drag�n Mat�as.
La peque�a Asmara, sin hacer ning�n ruido, se limitaba mirar a un lado y a otro viendo el espect�culo, incapaz de entender qu� es lo que hac�a que los tres ni�os generasen tanto alboroto por un juguete cuando la Habitaci�n de la Diversi�n ten�a una cantidad enorme de ellos. Hab�a de todo para entretenerse, pero los ni�os discut�an por el nuevo tamborcito.
El ruido se hizo tan grande que se oy� por toda la comarca. Bueno, no toda la comarca. La Abuela Roncona segu�a durmiendo la siesta pl�cidamente ajena a todo lo que suced�a. El sonido de sus ronquidos durante a�os hab�a hecho que cualquier ruido que hubiera mientas ella estaba durmiendo no fuera escuchado, as� que ya pod�an estar cantando las canciones de La Kalabaza de Pippa sobre su cabeza, que no se iba a despertar. Ella segu�a a lo suyo sierra que te sierra �rboles.
Pero de repente� alguien golpe� en la puerta de la Habitaci�n de la Diversi�n. Fueron tres golpes secos y fuertes, espaciados entre s�:
Rapid�n acept� de buen grado el reto de Chiquitina y los dos corrieron hacia la puerta, abri�ndola al un�sono. La abrieron de par en par r�pidamente y se encontraron con que detr�s de la puerta hab�a un par de grandes botas. Y dentro de ellas, seg�n fueron mirando hacia arriba, un Gigante con un gran saco a la espalda apareci�. Era m�s grande que la propia puerta de la Habitaci�n de la Diversi�n.
Los ni�os se quedaron mirando con cara de sorpresa al Gigante y le preguntaron:
Parte III: La Caba�a del Gigante de los Juguetes
Los ni�os quer�an recuperar sus juguetes, pero para ello ten�an que ir a la Caba�a del Gigante de los Juguetes con la lista de todos sus juguetes, si no, se quedar�an sin ellos. �Se acordar�an de todos?
Chiquitina dibujaba y dibujaba sin parar, y se re�a mientras lo hac�a. Cassandra, cada vez que recordaba un juguete era porque se acordaba de qui�n se lo regal�, o de c�mo jug� con �l, pero no estaba segura de si se estaba olvidando de alguno de ellos. Rapid�n, el m�s ordenado de los ni�os, utilizaba un sistema distinto. Iba mirando las estanter�as y los cajones donde guardaba sus juguetes para ir recordando qu� iba en cada sitio. Aun as�, alg�n sitio no le era f�cil de recordar a Rapid�n. No sab�a qu� juguete estaba all�.
A medida que avanz� el d�a, completaron su lista, y decidieron que ten�an que ir cuanto antes a por sus juguetes, o cuando llegaran a la Caba�a del Gigante de los Juguetes lo mismo ya hab�a regalado todos sus juguetes a otros ni�os, as� que urdieron un plan r�pido para ir cuanto antes.
Cassandra se tir� un pedete al lado de la puerta de la habitaci�n donde dorm�a la Abuela Roncona, y despu�s comenzaron a agitarla:
A�n no era tarde, as� que no les cost� mucho seguir las indicaciones del mapa. Deb�an llegar al quinto �rbol, seguir por el camino de la derecha. Saltar por encima del tr�bol de cuatro hojas, cruzar bajo la sombra de tres grandes �rboles de grandes troncos morados, saludar a la Lechuza Madrugadora, vadear el r�o por el puente de una cuerda y bajar por la escalera de piedras, m�rmol y musgo hasta la entrada de la Caba�a del Gigante de los Juguetes. Todo muy sencillo y claro.
Cuando llegaron a la puerta de la Caba�a del Gigante de los Juguetes hab�a un gran cartel grabado en madera que dec�a:
Cassandra iba leyendo su lista deprisa. Rapid�n iba leyendo la suya m�s despacio que hab�a aprendido a leer hace no mucho. Chiquitina iba ense��ndole al Gigante de los Juguetes los dibujos que hab�a hecho, haciendo que �ste dedicara unos segundos a cada dibujo para entender bien a qu� juguete representaba cada uno de ellos.
Poco a poco, los sacos de los tres ni�os se fueron llenando de juguetes que conoc�an bien, y se fueron alegrando, pero el Gigante de los Juguetes no les dejaba ver si el saco que �l ten�a estaba muy lleno a�n o muy vac�o. Solo ve�an sus sacos llen�ndose.
Y lleg� el momento en que acabaron su lista, y el Gigante de los Juguetes les pregunt�:
Parte IV: Los Juguetes en la Habitaci�n de la Diversi�n
Cuando los ni�os llegaron al Castillo del Rey Pap� fueron directamente a la Habitaci�n de la Diversi�n, y pusieron todos los juguetes en su sitio, justo antes de que llegara la Abuela Roncona con una Asmara feliz y sonriente de ver a los ni�os juntos otra vez.
Cuando lleg� la noche, y todos los ni�os dorm�an, el Gigante de los Juguetes abri� la puerta de la habitaci�n de la beb� Asmara, que dorm�a pl�cidamente. �l se sonri�, y sac� de su saco un juguete. Era un tambor con dos membranas y dos bolas con un hilo que lo golpeaban. El Gigante de los Juguetes hab�a dibujado sobre las caras del tambor dos ni�as sonrientes, con lo que hab�a convertido al tambor en algo diferente. Lo coloc� en la cunita de la beb� Asmara y se fue despu�s de darle un beso en la frente.
A la ma�ana siguiente, todo el Castillo del Rey Pap� se despert� con dos sonidos extra�os. Por un lado un sonido de tambores que redoblaban:
Y color�n colorado, este cuento, se ha acabado.
FIN.
Saludos Malignos!
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| Figura 1: El Gigante de los Juguetes |
Parte I: La llegada del Drag�n Mat�as al Castillo del Rey Pap�
�rase una vez que se era, un d�a soleado en el Castillo del Rey Pap� cuando lleg� el Drag�n Mat�as volando. Ya eran viejos amigos, as� que el Drag�n Mat�as sab�a perfectamente c�mo aterrizar con sus grandes patas en la parte alta del Castillo del Rey Pap� - donde adem�s hab�a una piscina en la que pod�a refrescarse �. No era un castillo muy grande, pero definitivamente era un castillo, donde los pr�ncipes y las princesas pod�an jugar durante horas con todo tipo de juguetes.
El Drag�n Mat�as le pidi� ayuda al Rey Pap�. Un drag�n, amigo del Drag�n Mat�as � no el maloso Drag�n Juancho -, se hab�a clavado una astilla muy fina en el �culete� y estaba sufriendo.
- �Ya os he dicho muchas veces que cuando os com�is las moras no os sent�is cerca, que siempre hay zarzas y os pod�is pinchar el culete con ellas�, dijo el Rey Pap� con tono de rega�ina.El Rey Pap� y el Drag�n Mat�as se hab�an hecho amigos hace mucho tiempo cuando le hab�a pasado lo mismo al bueno de Mati-itas � que era como llamaban en la familia al Drag�n Matias - comiendo moras negras, que son las que m�s le gustaban. Ten�a la espina clavada en el cachete del culete y no se la pod�a quitar con sus cortas patas delanteras y sus grandes zarpas.
El Rey Pap� le quit� la espina, y desde entonces se hicieron grandes amigos. Y de vez en cuando, como en la historia de hoy, alg�n que otro drag�n distra�do se sienta sobre alguna zarza a comerse las dulces moras y se queda con una espinita en el culete. Y el Rey Pap� se la tiene que quitar. Era el quita-espinas-del-culete-de-dragones-oficial. M�s o menos. A cambio, el Drag�n Mat�as siempre le ayudaba y le defend�a del maloso Drag�n Juancho, que al final para eso est�n los amigos, para ayudarse.
Ese d�a, el Rey Pap� se ten�a que ir con el Drag�n Mat�as, as� que le pidi� a su madre, la Abuela Roncona, que se ocupara de cuidar de Chiquitina, Rapid�n, Cassandra y la beb� Asmara, los ni�os que estaban actualmente en el Castillo del Rey Pap�, pues no hab�a nadie m�s para ocuparse. Solo ser�an unas horas, mientras el Rey Pap� se iba a aliviar al pobre dragoncito de su dolor en el culete.
La mayor de todos los ni�os era Cassandra � que los d�as que estaba de mal humor todos la llamaban Pedorrina por una afici�n poco asociada a princesas -, despu�s estaba Rapid�n, que de mayor quer�a ser un caballero andante que corriendo m�s r�pido que nadie salvara a todos los buenos de todos los malos. Iba a ser un s�per-h�roe veloz, veloz.
Chiquitina ya no era la chiquitina de todos, pero la llamaban as� porque cuando naci� era tan peque�a, tan peque�a, tan peque�a que se ba�aba en un vaso de agua. Tanto, que el Rey Pap� casi se la bebe un d�a � pero esa es otra historia que otro d�a os contar� -.
Despu�s estaba Saritina, que a pesar de ser un beb� ya gustaba de viajar sola por el mundo y hab�a aprendido hasta a Chino �Por qu�? Pues porque por las noches no dorm�a y viv�a el doble de deprisa. Claro est�, tanto viajaba que, ese d�a, se encontraba de viaje y no estaba en el Castillo del Rey Pap�.
Por �ltimo, la m�s peque�ita de todos era la beb� Asmara, que a�n no se hab�a recuperado del susto de venir al mundo y no hab�a aprendido a hacer ruidos. No sab�a llorar, no sab�a re�r. Y adem�s, no hac�a falta, ya que con la cantidad de ruido que generaban Rapid�n, Cassandra y Chiquitina ya daba para todo el reino.
La Abuela Roncona les pidi� a los ni�os que se fueran a jugar a la Habitaci�n de la Diversi�n mientras el Rey Pap� estuviera fuera con el Drag�n Mat�as, y as� ella aprovechar�a para echarse una buena siesta� y roncar un ratito mientras regresaban.
El Drag�n Mat�as apareci� por la ventana de la Habitaci�n de la Diversi�n para despedirse de los ni�os, y para que se entretuvieran les dio un juguete nuevo. Los ni�os ten�an infinidad de juguetes en la Habitaci�n de la Diversi�n, pero el bueno de Mati-itas siempre les tra�a alg�n detallito. En esta ocasi�n les dio un tamborcito de dos membranas, con unas bolitas golpeadoras, de tal forma que al frotarlo con las manos las bolas hac�an sonar el tambor por los dos lados. Y sali� volando con el Rey Pap� a lomos, que se despidi� por la ventana.
- ��Adi�s!, �Pronto estamos de vuelta!�Pero como sucede muchas veces, algo que se hace para un bien, a veces genera un foco de conflicto y los ni�os, en lugar de estar felices, comenzaron a discutir por el nuevo juguete.
Parte II: La llegada del Gigante de los Juguetes
El tamborcito se convirti� en el coraz�n de una gran discusi�n entre Rapid�n, Cassandra y Chiquitina. Gritos, llantos, pellizcos en el culete, carreras, brincos y desorden del resto de los juguetes de la Habitaci�n de la Diversi�n. Ya no serv�a para nada la ingente cantidad de juguetes que ten�an en la habitaci�n, todo giraba en torno a qui�n pod�a jugar con el nuevo juguete que les hab�a regalado el Drag�n Mat�as.
La peque�a Asmara, sin hacer ning�n ruido, se limitaba mirar a un lado y a otro viendo el espect�culo, incapaz de entender qu� es lo que hac�a que los tres ni�os generasen tanto alboroto por un juguete cuando la Habitaci�n de la Diversi�n ten�a una cantidad enorme de ellos. Hab�a de todo para entretenerse, pero los ni�os discut�an por el nuevo tamborcito.
El ruido se hizo tan grande que se oy� por toda la comarca. Bueno, no toda la comarca. La Abuela Roncona segu�a durmiendo la siesta pl�cidamente ajena a todo lo que suced�a. El sonido de sus ronquidos durante a�os hab�a hecho que cualquier ruido que hubiera mientas ella estaba durmiendo no fuera escuchado, as� que ya pod�an estar cantando las canciones de La Kalabaza de Pippa sobre su cabeza, que no se iba a despertar. Ella segu�a a lo suyo sierra que te sierra �rboles.
Pero de repente� alguien golpe� en la puerta de la Habitaci�n de la Diversi�n. Fueron tres golpes secos y fuertes, espaciados entre s�:
- TOC. TOC. TOC.Los ni�os se quedaron perplejos, y miraron a la puerta sorprendidos. No esperaban a nadie. Y ni el Rey Pap�, ni el Drag�n Mat�as ni la Abuela Roncona hubieran llamado a la puerta de esa forma, as� que deb�a ser alguien distinto. Rapid�n, Chiquitina y Cassandra se miraron extra�ados y dijeron:
- ��Qui�n ser�?�, dijo Cassandra.
- �No lo s�, pero ser� por los ruidos�, dijo Rapid�n.
- ��Yo abro!�, dijo Chiquitina mientras iba corriendo a la puerta.Chiquitina era la m�s activa de todos, as� que siempre estaba pensando en qu� ocupar sus energ�as, y una carrera a la puerta para ser la primera en abrir era tan buena idea como cualquier otra cosa. Adem�s, ella siempre quer�a ser la primera en todo. Hasta en las cosas malas. Ella siempre, la n�mero 1.
Rapid�n acept� de buen grado el reto de Chiquitina y los dos corrieron hacia la puerta, abri�ndola al un�sono. La abrieron de par en par r�pidamente y se encontraron con que detr�s de la puerta hab�a un par de grandes botas. Y dentro de ellas, seg�n fueron mirando hacia arriba, un Gigante con un gran saco a la espalda apareci�. Era m�s grande que la propia puerta de la Habitaci�n de la Diversi�n.
Los ni�os se quedaron mirando con cara de sorpresa al Gigante y le preguntaron:
- ��Qui�n eres?�, dijo Chiquitina.
- �Soy el Gigante de los Juguetes�, respondi� el hombret�n.
- ��El Gigante de los Juguetes? �Nos traes m�s juguetes?�, dijo Rapid�n.
- �Ja, Ja, Ja. No, mi amigo. Ni mucho menos�, respondi� el Gigante de los Juguetes.
- ��No?, �entonces qu� quieres?�, dijo Cassandra.El Gigante de los Juguetes entr� a la desordenada Habitaci�n de la Diversi�n y mir� alrededor para deleitarse con el caos que reinaba entre tal montonera de juguetes de todo tipo. Vio a la peque�a Asmara y la dedico una moner�a con la mano al tiempo que la sonre�a. Luego mir� a los ni�os y les dijo:
- �Vuestro esc�ndalo ha sido tan grande que me he visto obligado a intervenir. Soy el Gigante de los Juguetes, y me llevo todos los juguetes de los ni�os que se portan mal para que aprendan a valorar lo que tienen. No queremos ni�os malcriados en este reino�, dijo el Gigante de los Juguetes.
- �Pero� yo quiero a mis juguetes, no puede llev�rselos�, dijo Cassandra.
- �S�, s� que puedo. Ten�is todos estos juguetes y sin embargo est�is discutiendo todo el rato, as� que eso significa que no est�is contentos con ellos. Por eso, como hago con los juguetes de todos los ni�os mal cridados, me los voy a llevar en mi saco�, explic� el Gigante de los Juguetes.Y comenz� a llenar su gran saco con todos los juegos que ten�an los ni�os en la Habitaci�n de la Diversi�n. Meti� los puzzles, las mu�ecas, los coches de carreras, los peluches, los juegos de construcci�n, las pelotas, los bolos, los juegos de maquillaje, los disfraces, etc�tera. Todos los juguetes de los ni�os cupieron dentro del enorme saco del Gigante de los Juguetes. Los ni�os estaban mirando sin poder cre�rselo.
- �Ya tengo todos vuestros juguetes, pero no ser� para siempre� por ahora. Pod�is venir a mi casa esta tarde con la lista de todos los juguetes que record�is que ten�is. Si sab�is qu� juguete es, lo ech�is de menos y pod�is decirme c�mo lo hab�is llamado, os lo devolver�. El resto de los juguetes que no sep�is que ten�is o c�mo se llama, se los regalar� a otros ni�os que los valoren m�s, y les haga m�s felices. Aqu� ten�is un mapa de c�mo llegar a mi casa, la Caba�a del Gigante de los Juguetes, para recogerlos�, dijo el Gigante de los Juguetes mientras le daba a Cassandra un peque�o mapa con la ubicaci�n de la Caba�a del Gigante de los Juguetes.Y sali� por la puerta, dejando a los ni�os en una Habitaci�n de la Diversi�n totalmente desolada. Sin juguetes. Sin juegos. Sin puzzles. Sin mu�ecas. Sin pelotas o coches de carreras. No hab�a ning�n juguete en la habitaci�n. Y los ni�os se sintieron verdaderamente tristes, ya no ten�an ninguno de los juguetes por los que discut�an habitualmente en la Habitaci�n de la Diversi�n, y todo estaba en silencio.
Parte III: La Caba�a del Gigante de los Juguetes
Los ni�os quer�an recuperar sus juguetes, pero para ello ten�an que ir a la Caba�a del Gigante de los Juguetes con la lista de todos sus juguetes, si no, se quedar�an sin ellos. �Se acordar�an de todos?
- �Chicos, necesitamos hacer la lista con todos los juguetes cuanto antes. Si no est�n aqu� cuando regrese el Rey Pap� con el Drag�n Mat�as, nos van a castigar de por vida�, dijo Cassandra.
- ��Hagamos tres listas con nuestros juguetes y vayamos a la Caba�a del Gigante de los Juguetes para recuperarlos cuanto antes!�, dijo Rapid�n.
- ��Vale!�, dijo Chiquitina, �� pero yo no s� escribir, as� que necesito ceras y l�pices de colores para dibujar�.Los tres ni�os, bajo la mirada atenta de Asmara, comenzaron a hacer memoria y escribir su lista. Comenzaron con sus juguetes m�s preciados, como Pepe, Pepita o Tiger � sus mu�ecos de apoyo -, luego con los que m�s jugaban, pero a medida que avanzaban en sus listas, les costaba m�s recordar todos los juguetes que ten�an.
Chiquitina dibujaba y dibujaba sin parar, y se re�a mientras lo hac�a. Cassandra, cada vez que recordaba un juguete era porque se acordaba de qui�n se lo regal�, o de c�mo jug� con �l, pero no estaba segura de si se estaba olvidando de alguno de ellos. Rapid�n, el m�s ordenado de los ni�os, utilizaba un sistema distinto. Iba mirando las estanter�as y los cajones donde guardaba sus juguetes para ir recordando qu� iba en cada sitio. Aun as�, alg�n sitio no le era f�cil de recordar a Rapid�n. No sab�a qu� juguete estaba all�.
A medida que avanz� el d�a, completaron su lista, y decidieron que ten�an que ir cuanto antes a por sus juguetes, o cuando llegaran a la Caba�a del Gigante de los Juguetes lo mismo ya hab�a regalado todos sus juguetes a otros ni�os, as� que urdieron un plan r�pido para ir cuanto antes.
Cassandra se tir� un pedete al lado de la puerta de la habitaci�n donde dorm�a la Abuela Roncona, y despu�s comenzaron a agitarla:
- ��Abuela Roncona, Abuela Roncona!, Asmara huele mal, hay que cambiarla�, dijo Chiquitina.La Abuela Roncona se despert� y empez� a sentir en su nariz el mal olor y dijo:
- �Uff, s�, que mal huele, voy a por ella�, mientras se incorporaba de la cama.Mientras que la Abuela Roncona iba a cambiar a Asmara, los tres ni�os aprovecharon para coger tres sacos vac�os de la habitaci�n de la ropa e irse hacia la Caba�a del Gigante de los Juguetes en el bosque.
A�n no era tarde, as� que no les cost� mucho seguir las indicaciones del mapa. Deb�an llegar al quinto �rbol, seguir por el camino de la derecha. Saltar por encima del tr�bol de cuatro hojas, cruzar bajo la sombra de tres grandes �rboles de grandes troncos morados, saludar a la Lechuza Madrugadora, vadear el r�o por el puente de una cuerda y bajar por la escalera de piedras, m�rmol y musgo hasta la entrada de la Caba�a del Gigante de los Juguetes. Todo muy sencillo y claro.
Cuando llegaron a la puerta de la Caba�a del Gigante de los Juguetes hab�a un gran cartel grabado en madera que dec�a:
Rapid�n se apresur� a llamar r�pidamente, c�mo si no, a la puerta con tres golpes� r�pidos.�Bienvenido a la Caba�a del Gigante de los Juguetes.�Sabes c�mo se llama tu juguete?�
- Toquitoquitoqui.Y la puerta se abri�. All� estaban las dos mismas botas que hab�an visto con anterioridad ese mismo d�a, con el mismo Gigante de los Juguetes dentro de ellas.
- ��Vaya!, si est�n aqu� Rapid�n, Chiquitina y Cassandra. Hab�is sido veloces en venir a por vuestros juguetes. Y lo m�s extra�o. Tambi�n hab�is sido silenciosos. Desde que sal� de vuestra Habitaci�n de la Diversi�n con todos vuestros juguetes no he escuchado ning�n grito, alboroto o ruido proveniente de all�. �Os sab�is el nombre de vuestros juguetes para que os los devuelva?�, dijo el Gigante de los Juguetes sin dejarles entrar en la caba�a.Los ni�os vieron que detr�s del Gigante de los Juguetes estaba su gran saco, a rebosar de todos los juegos, mu�ecos y juguetes en general que se hab�a llevado de su Habitaci�n de la Diversi�n, as� que comenzaron a decirle qu� juguetes ten�a cada uno.
Cassandra iba leyendo su lista deprisa. Rapid�n iba leyendo la suya m�s despacio que hab�a aprendido a leer hace no mucho. Chiquitina iba ense��ndole al Gigante de los Juguetes los dibujos que hab�a hecho, haciendo que �ste dedicara unos segundos a cada dibujo para entender bien a qu� juguete representaba cada uno de ellos.
Poco a poco, los sacos de los tres ni�os se fueron llenando de juguetes que conoc�an bien, y se fueron alegrando, pero el Gigante de los Juguetes no les dejaba ver si el saco que �l ten�a estaba muy lleno a�n o muy vac�o. Solo ve�an sus sacos llen�ndose.
Y lleg� el momento en que acabaron su lista, y el Gigante de los Juguetes les pregunt�:
- ��Alg�n juguete m�s?�Los ni�os se miraron entre s� y luego al Gigante de los Juguetes.
- �No nos acordamos de m�s juguetes�, dijo Cassandra.
- �Entonces est�n todos los que necesit�is�, dijo el Gigante de los Juguetes.Sonri� y cerr� la puerta tras de s�, dejando a los ni�os en el bosque listos para marchar. Se echaron el saco a la espalda y regresaron por el mismo camino que hab�an venido � saludando a la Lechuza Madrugadora � hacia la Habitaci�n de la Diversi�n en el Castillo del Rey Pap�.
Parte IV: Los Juguetes en la Habitaci�n de la Diversi�n
Cuando los ni�os llegaron al Castillo del Rey Pap� fueron directamente a la Habitaci�n de la Diversi�n, y pusieron todos los juguetes en su sitio, justo antes de que llegara la Abuela Roncona con una Asmara feliz y sonriente de ver a los ni�os juntos otra vez.
- �No s�, no echo en falta ning�n juguete, pero sin embargo la Habitaci�n de la Diversi�n parece como m�s vac�a, �no?�, dijo Cassandra.
- �A lo mejor es que como los hemos ordenado ahora ocupan menos�, dijo Rapid�n.Chiquitina no dijo nada, pues estaba jugando con Pepita, su mu�eca favorita. En ese momento lleg� el Drag�n Mat�as volando con el Rey Pap� subido a lomos, que salt� sobre el tejado para que el drag�n no tuviera que detenerse m�s. El Rey Pap�, baj� a la Habitaci�n de la Diversi�n.
- �Hola ni�os, �qu� tal lo hab�is pasado mientras estaba fuera?�, dijo el Rey Pap�.Chiquitina, Cassandra y Rapid�n dieron un beso al Rey Pap�, y �ste a su vez se lo dio a la Abuela Roncona y la beb� Asmar�, mientras le dec�an:
- �Todo muy bien, Rey Pap�, dijo Cassandra.
- �No hemos salido de la Habitaci�n de la Diversi�n a ning�n sitio�, dijo Rapid�n.
- �No, y por el bosque hemos ido de d�a�, dijo Chiquitina.El Rey Pap� sab�a que algo hab�a pasado, pero todo parec�a en regla, as� que les mand� a lavarse la cara y las manos para irse a cenar mientras �l se iba a cambiar. Todo parec�a en regla.
Cuando lleg� la noche, y todos los ni�os dorm�an, el Gigante de los Juguetes abri� la puerta de la habitaci�n de la beb� Asmara, que dorm�a pl�cidamente. �l se sonri�, y sac� de su saco un juguete. Era un tambor con dos membranas y dos bolas con un hilo que lo golpeaban. El Gigante de los Juguetes hab�a dibujado sobre las caras del tambor dos ni�as sonrientes, con lo que hab�a convertido al tambor en algo diferente. Lo coloc� en la cunita de la beb� Asmara y se fue despu�s de darle un beso en la frente.
A la ma�ana siguiente, todo el Castillo del Rey Pap� se despert� con dos sonidos extra�os. Por un lado un sonido de tambores que redoblaban:
- ToquiToq, ToquiToq, ToquiToq, ToquiToq, ToquiToq�.Por otro lado, la risa dulce, aguda y emocionante de la beb� Asmara que jugaba feliz en su habitaci�n con el nuevo juguete.
Y color�n colorado, este cuento, se ha acabado.
FIN.
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